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  EL LUGAR SIN LIMITES  

Fausto:  Primero te interrogaré acerca del infierno. Dime, ¿dónde queda el lugar que los hombres llaman infierno?

Mefistófeles:  Debajo del cielo.

Fausto:  Sí, pero ¿en qué lugar?

Mefistófeles:  En las entrañas de estos elementos donde somos torturados y permanecemos siempre, el infierno no tiene límites ni queda circunscrito a un solo lugar, porque el infierno es aquí donde estamos y aquí donde es el infierno tenemos que permanecer.

Christopher Marlowe, Doktor Faustus

 

Con esta cita comienza El Lugar Sin Límites, película realizada por Arturo Ripstein, basada en la novela homónima de José Donoso.  Esta cinta, filmada en 1977, es ejemplo de una buena realización en una etapa de crisis del cine mexicano.  Muy pocas películas de ese entonces fueron hechas con tanta calidad artística como la de ésta.  Empezando por el guión, escrito por Ripstein y Manuel Puig, pasando por la fotografía de Miguel Garzón, le escenografía de Kleómenes Stamatiades y llegando a los actores como Roberto Cobo, Lucha Villa, Ana Martin, Gonzalo Vega, Carmen Salinas y Fernando Soler, sin olvidar al maestro orquestador de tanto talento:  el maestro Arturo Ripstein, realizador mexicano con mucha reputación a nivel mundial pero popularmente desconocido en México.

El Lugar Sin Límites es un filme que expone algunos problemas sociales del México contemporáneo, enfocándose con más ahínco en el macho mexicano y sus problemas psicológicos.  Además maneja la metáfora del infierno, el macho como diablo, el pecado y la sangre.  El título mismo se refiere al infierno, como se puede apreciar en el fragmento de la obra de Marlowe arriba citada, de la cual Donoso obtuvo la idea para titular su novela.

Después de la cita de Doktor Faustus, sigue la secuencia de créditos iniciales y la primer toma es de un camión rojo en movimiento que va manejando Pancho (Gonzalo Vega).  Es un diablo, el macho que se aproxima al pueblo, al burdel para atemorizar a todos.  Más adelante, sabemos la historia de la Manuela, el travesti que vive en el burdel y que, un año atrás, tuvo problemas con Pancho, el hombre a quien él/ella desea.  Ahora el macho vuelve para terminar con la golpiza que aquella vez le propinó al maricón y que hubiese consumado si no fuera porque Don Alejo, su exprotector y cacique del pueblo, lo detuvo.

El pecado y la penitencia son también temas clave de la cinta.  Adentro del burdel todo es rojo y tensionante.  Es una celda del infierno en donde las prostitutas pagan por sus errores y en la noches se convierte en la casa del pecado, van los hombres del pueblo a divertirse, a festejar mientras las mujeres de la vida galante cumplen con su penitencia.

Pero ésos son simples y viles pecadores.  Los personajes principales, excepto Pancho, son tan complejos y versátiles que la hacen de diablos y ángeles a la vez.  Don Alejo protege a las prostitutas de las garras de Pancho, es un ángel guardián, pero también es un diablo que se ha apropiado del pueblo para venderlo y destruirlo.  Su dinero le da poder, un poder tan fuerte que logra dominar al macho.

La Manuela, un afeminado que peca al negar su hombría, funge como ángel sólo en dos ocasiones:  al procrear a su hija, la Japonesita, y al defenderla del ataque de Pancho.  Más importante es su función de cordero que paga por los pecados de todos cuando su único pecado fue el de no aceptarse como hombre.  Es lo opuesto al macho, un Cristo en el infierno.  Todos los hombres del pueblo, excepto Don Alejo, se desquitan con ella, descargando su inseguridad de machos llamándola maricón, joto y puto.  Cuando finalmente se enfrenta a Pancho, la Manuela aparece con un vestido color rojo-sangre y dice:  "Yo salgo hasta el final, yo soy el plato fuerte."  Intenta seducir a Pancho con un baile y logra dominarlo hasta que se besan.  Siguen bailando y besándose hasta que llega el cuñado de Pancho, otro macho que lo reprime por sus actos.  Entonces Pancho vuelve a ser el macho diabólico y empieza a agredir a su "enamorada".  Esta huye corriendo y los otros dos la persiguen, recorriendo su viacrucis hasta que la alcanzan y matan a golpes.

Por otro lado, Pancho es el diablo estelar de la historia.  Un hombre que creció bajo la sombra del poder económico de Don Alejo y hace alarde de su hombría para darse a respetar.  Este macho llega a tal conflicto interno que cae en aberraciones sexuales, sintiendo atracción hacia un homosexual, pero al estar frente a otro macho niega su predilección por la Manuela y vuelve a ser el macho violento y feroz.  Una sucursal del infierno fue conmovida por un diablo más cabrón.  Ya se fue, pero algún día volverá.

Esta trágica historia logra reflejar aspectos de nuestra sociedad que la vuelven decadente, el infierno en la Tierra.  El macho mexicano es un diablo que nos perturba psicológica y físicamente.  Es un mal más en la lista de las "enfermedades" de las cuales sufre México.

"El infierno no tiene límites...es aquí donde estamos...", dice Mefistófeles.  Y la película lo muestra.  Ripstein logra conceptualizar todas estas metáforas y las traduce a la pantalla de manera visual e histriónica, creando una verdadera obra maestra de arte, de lo mejor del cine nacional.

 

pepecaudillo / 08·05·96

 

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